Medio Pollo señor


Cafetera del conde 


Aquella tarde me senté en una de las mesas de la : vieja, hermosa y  oscura cafetería, entristecida a punta de años resistiendo en anonimato a plena vista y en medio de la ciudad.

Como de costumbre , pedí mi “medio pollo” que como sabrán no es un pollo partido a la mitad, más bien café .

Mientras sonaba en la radio una de esas canciones que escuchaba los domingo por la mañana; lavando las paredes,  los traste, la ropa y "mapeando" con el palo como micrófono;una canción melancólica Y desgarradora. 
Tomaba mi café aplastada por  mi estado de ánimo adobado por el tema en la radio , hundida en la labor de concentrarme en la lectura de un libro de esos que acostumbro a cargar en mi mochila.

Siento una energía que me invade...

Y es cuando me doy cuenta que a dos mesas de la mía, hay  un señor que se da la tarea de observarme “disimuladamente”  con  sus grandes ojos,el peso de su mirada me acosa de una forma tan increíble que en ese momento pese a mi estado de animo, o a raíz de el me sentí  desarmada como pocas veces en mi vida.

El señor deja de mirarme y me sentí brevemente aliviada, se levanta de su mesa y se dirige a mí de forma rápida y decidida, es cuando realmente me siento invadida y con ¡ganas de correr!

Me pregunta:


¿Esta sola?  


¡Que pregunta más tonta claro que estoy sola!


¿Ah esperas a alguien?
  

¡No, no espero a nadie!



El señor muy compungido me dice:


¡Oh que pena!


¡Que habrá pasado por la cabeza de ese cristiano!

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